No hay paz para los malos

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No hay paz para los malos

Mensaje por WilliamDarkgates el Sáb Nov 20, 2010 9:41 am

Uno no deberia decir que esta arrepentido por haber escrito algo, y en cierta medida no lo estoy. Pero tampoco estoy muy a gusto con este relato, realmente debí de haberlo trabajado más antes de haberlo publicado. Aun así, se los pongo por estos lares para que lo destripen si les place

No Hay paz para los malos

La gente piensa que la magia no existe, o que al menos es algo que solo en las películas que se hacen en el extranjero, pero lo cierto es que la magia es real, ocurre aquí en esta tierra a cada momento. Algunos piensan que la magia es pura superchería y superstición, que esta adscrita a lugares místicos como todo el Barlovento. Pero lo cierto es que no es así.

La magia esta en todo, en el cotidiano llanto de un bebe, pasando por la posibilidad de evitar un asalto o accidente, hasta ver un dragón a la cara. Yo he visto en esta tierra, que se da por profana, a driadas en los exuberantes jardines de la Estancia en Altamira, a Dragones descender de la montaña y descansar en los campos de universidad Metropolitana, a espíritus de la esperanza recorrer el 23 de Enero o a Erinias recorrer los barrios de la dulce Petare.

Lo cierto es que ella es hermosa, asombrosa, colorida, apasionante y seductora, salvaje y única. Impregna a esta tierra, haciéndola mística, gloriosa, pero ante todo: peligrosa.

Rafael Velasco
Vendedor, problemático andariego, y mago de la orden hermética

(El siguiente relato es totalmente de ficción, algunos sitios nombrados existen de verdad, pero las personas que aquí se nombran, no existen. Los personajes son ficticios y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia)



La noche estrellada, acompañada de una luna llena revestida con jirones oscuros de nubes observaba como en una oscura calle, pobremente iluminada que se encuentra entre dos zonas residenciales, un joven corría a gran velocidad, su rostro contraído por terror y el lenguaje de su cuerpo indicaba que algo lo perseguía. El chico tenia la piel bronceada, y unos ojos grandes y verdes, su cabello estaba muy engominado y tenia un peinado inusual el cual usaba su flequillo como si fuese una coronilla, tenia el joven sendos zarcillos de fantasías en sus orejas y en el cuello una hermosa cadena dorada. Vestía una camisa rosa con rayas naranjas, y un pantalón de mezclilla con unos zapatos deportivos muy cómodos. El lado izquierdo del joven estaba lleno de barro y su brazo bañado en sangre por un gran raspón.

Anferní, tal era el nombre del joven quien corría con desesperación por la calle. Su nombre era producto de la contracción de Ana Fernanda y Nicolás, los cuales son los nombres de su madre y padre.

-Anferní, estudia mijo, estudia mijo- recitaba el joven entre jadeos mientras se desplazaba por la calle. Con frecuencia miraba hacia atrás y el sonido inusual de uñas contra el suelo hacia que corriese con más ahínco.- Si le hubiera hecho caso esto no pasaría, Anferni, deja las malas juntas- se dijo de nuevo entre los típicos jadeos.

Vio los ojos rojos en la oscuridad, detrás de él y sintió mucho más miedo, el corazón le latía con furia, sentía la lengua hinchada y la garganta se le estaba cerrando. Trató de ponerle más ánimo a la carrera y se resbaló.

El golpe apenas le dolió; pero logro sacarle todo el aire de los pulmones. Trato de ponerse de pie, pero un ardor incontenible recorrió todo su cuerpo. Anferní volvió a mirar y allí estaba aquello. Era una criatura gigantesca, aquella cosa lo había derribado de su motocicleta cuando pasó por la esquina de aquella calle. La Criatura era demasiado grande, debía medir un metro y medio de la cruz al suelo, y tenía el cuerpo cubierto de un denso pelaje marrón, patas delanteras parecidas a una mano humana, pero cubiertas de pelos y garra. Su cabeza era triangular con un morro delgado y lleno de dientes blancos que brillaba en la oscuridad, y unos fieros ojos rojos que parecían arder con las llamas del infierno. Anferní había visto a aquella criatura y grito con fuerza, y sin mediar palabra alguna salió corriendo, y ahora estaba allí, en el suelo de nuevo.

Llevó su mano a la espalda tratando de hallar su herramienta de trabajo, nunca dejaba su pistola, pero al parecer se le había caído cuando aquella criatura le salto desde la oscuridad. El deseo de vivir lo reactivo de nuevo, y el joven se puso de pie. El cuerpo le dolía todavía más y apenas tenia aire en el pecho, pero no deseaba morir no a manos de aquel bicho.


Corrió con más ahínco y se halló de repente recitando el Padre nuestro, sabía que Dios no le prestaría atención, pero debía intentarlo, al fin y al cabo Jesús había sido crucificado entre ladrones y había perdonado a uno. Además, evangélicos y testigos de Jehová que se atrevían ir al barrio decían que Dios es Amor, y si el viejo era amor debía perdonarlo si el se arrepentía.

Volteó y allí seguía la criatura, tras él, con los ojos rojos lleno de ira y la boca abierta, babeando y gruñendo. Anferni volvió a caerse, esta vez el golpe fue muy doloroso. Como una gran corriente recorrió su cuerpo y azotó cada parte de él. Escuchó a la criatura, estaba mucho más cerca y él estaba consiente de la inminencia de su fin. Trato de ponerse de pie y repente se percató que se habia levantado con facilidad o eso pensó. Cuando levantó su vista lo vio.

Era un señor, tal vez tan viejo como su papá; su piel era marrón, vestía con una chaqueta beige, y debajo de esta una camisa azul celeste, su pantalón era azul oscuro y sus zapatos eran de cuero, llevaba un bolso cruzado sobre su hombro, unos lentes para leer y llevaba en sus manos un bastón, aunque parecía no necesitarlo.

-Aquí estas carricito- dijo el hombre, que dejo caer a Anferni una vez que lo levanto.- ¿Qué te ha pasado?- le pregunto, pero Anferni apenas pudo responder. - Ya veo que te pasa- respondió el hombre con calma, y dejo de mirarle para ver el camino.

La luna, que hasta ese momento se había dejado ocultar por los jirones de luna se mostró en todo su esplendor iluminando toda la situación. -Vayasé de aquí, mayor- alcanzo a decir el muchacho, pero el tipo no le prestó atención. Metió su mano en el bolsillo y arrojo una canica al monstruo. Cuando Anferni vio aquello pensó que el hombre estaba loco. Él no había considerado lanzarle piedras al bicho ese pero taba consiente de que eso no lo detendría, ni siquiera si tuviese su hierro a mano le pondría un parao al monstruo.


Grande fue su sorpresa cuando la canica se estrelló justo frente al monstruo, estallo en pedazos y la bestia choco contra lo que parecía ser un muro invisible. Aullaron tanto la criatura como el joven, frente a aquel prodigio

- ¿Qué coño fue eso?-inquirió el muchacho.

- un truco que me enseño un negro en Birongo, recuerdo que me costo la mejor bolondrona que yo tenia, era blanca como el marfil con tres rayas azules. Hermosa como ella sola.

- ¿Usted está loco o come mierda?- inquirió el joven; y el señor le lanzó una mirada asesina.

- Ya entiendo todo.

La bestia retrocedió un poco. El pelo de su espalda se erizó y a Anferní le pareció en ese momento que aquellos pelos se volvían púas, los ojos de la criatura parecían brilla aun más, abrió la boca y grandes chorros de baba salieron de la misma.

-AN... FER... NÍ - masculló la criatura. El joven al escuchar su nombre pronunciado de forma tan gutural, sintió un pánico aun mayor, su estomago se pegó al espinazo y su lengua pareció hincharse más

-Ya veo, le has enseñado buenos trucos a tu perro. - dijo el hombre

-¿Tú estás loco, viejo pajuo? ¿Qué verga es esa cosa?

- Depende- Respondió el hombre mientras se mesaba su barbilla- los griegos las llamaban Erinias, o Furias para los profanos, el cristianismo tendría un nombre interesante, seria algo así como el ángel de la justicia o la Furia del Señor. Las Furias buscan a los pecadores y criminales y se vengan, sabes Dios decía: Mía es la venganza. ¿Qué vaina mala habrás hecho?

-¿Esa mierda?- pregunto el muchacho mientras trataba de ponerse de pie, pero volvió a caer al piso.

La bestia saltó con fuerza, y se escuchó el sonido de vidrios rompiéndose. Aquella bola de pelos y colmillos cayó justo al frente del tipo, quien con la velocidad de un espadachín enarbolo su bastón y le asesto un golpe en la cabeza. Esta sonó como si fuera algo hueco, la bestia aulló de dolor mientras volutas de humo surgieron.

- Corre, Anferni, Corre- dijo el hombre.

-¿Porqué me ayudas?- preguntó el joven, quien sentía como las fuerzas volvían a su cuerpo.

- Por que soy un buen cristiano- respondió el hombre. El joven observó como la Erinia retrocedía y arremetía, pero el hombre blandió el bastón haciéndolo retroceder. Anferni, lleno de miedo corrió a gran velocidad, sin mirar atrás, perdiéndose en la oscuridad.


***


El silencio, el calor y los mosquitos fueron las cosas que hicieron que se percatará de que la electricidad se había ido. Anferní abrió los ojos y trato de levantarse, pero no pudo su cuerpo se negaba a obedecerle, trato de gritar pero no pudo, sentía un peso sobre el pecho. De repente sintió pánico, trato de hacer un esfuerzo para gritar, pero de nuevo el cuerpo no le respondía. Comenzó a rezar mentalmente, hacia días que había visto aquel monstruo y desde entonces se había escondido, había dejado atrás a todo el mundo, a su mamá, a sus panas, a su pechuga y a su jefe. Esperando que aquello que se había ensañado con él se olvidase de su persona.

- Eso no funcionó la ultima vez, Anferni- dijo una voz, y como surgiendo de la oscuridad, apareció el tipo que lo había ayudado a escapar, lentamente se fue haciendo tenue y el pánico se apoderó del joven.

-Es un fantasma- pensó Anferni, una y otra vez.

-Soy tan real como tú, pequeño Hampón- replicó- Y, sí puedo leer tus pensamientos.- agregó y luego levanto el dedo índice y Anferni sintió un ardor en el pecho, instintivamente trato de gritar, y lo logro, se asombró de hallar su voz. - Grita todo lo que quieras Anferni, nadie en todo este mugroso barrio te va a escuchar.-agregó

- Te hacia muerto- dijo el muchacho

- Sí, te fuiste y me dejaste allí- respondió el hombre con una sonrisa, se quitó sus lentes y extrajo un pañuelo de sus bolsillos y limpió los cristales de sus anteojos. - Con frecuencia, las furias hieren a aquellos que se interponen entre ellas y sus presas, pero no suelen matarlos.- respondió, acto seguido observó sus lentes y volvió a colocárselos.

- ¿Cómo sobreviviste? ¿La mataste? ¿Te dejos ir? ¿La trajiste aquí?- pregunto una y otra vez al hombre, quien obviamente sentía como si el terror lo invadiera.

-Negocie con ella, no me dejo ir y no la mate, hace falta una brujería muy poderosa para enviar a un Ángel de la justicia a conocer a su creador; debes saber que ella inicialmente no te buscaba, las Furias juzgan a personas que han cometido crímenes graves, sabes cosas del calibre como el parricidio, el incesto, la profanación de sitios sagrados, genocidio, matar al último de una especie, vainas de ese tipo.- replicó él hombre.- Fue tras tu persona, por qué estaba insatisfecha y hambrienta; tus pecados debieron de oler para ella, en ese momento de angustiosa hambre, como la comida más deliciosa del mundo. Así que no eres tan malo como piensas.

-Entonces viejo pajuo ¿Que paso con el bicho ese?

- Dime una cosa Anferni, ¿Sabes con quien estás hablando? ¿Me has visto alguna vez?

- No y no.- replicó

- ¿Sabes por qué te salve?

-Dijiste que era un buen cristiano.- respondió el hampón

- Es cierto-dijo- pero mentí, no soy un buen cristiano, te salve por que me convenía. Mira, tu no me conoces, pero si me has perjudicado, como has perjudicado a muchos. ¿Los recuerdas?


Anferni trago grueso al escuchar aquellas preguntas, de repente su mente se vio invadida por un sin fin de imágenes, cada una de sus fechorías apareció en su mente. Toda, absolutamente todas, desde las nimias hasta las más terribles. Robo, asesinatos, usos de drogas, uno que otro abuso, malas palabras, y entre ellas las palabras de su madre: Estudia Anferni, Estudia. Deja esas malas juntas mijo.

- No me hiciste nada malo directamente, pero si me hiciste mal. Entraste a mi tienda y robaste un libro muy viejo, con unas letras raras, encuadernado en piel- dijo- Y siento ser un desgraciado, pero no eres del tipo que aprecie los libros antiguos, y no creo que puedas leer un libro escrito tanto en arameo como en enoquiano, así que te haré una pregunta ¿Quién te mando a robar el libro?

- No recuerdo- replicó Anferni

-Malo, malo - agrego el hombre y levanto el dedo índice, Anferni sintió de nuevo aquel fuego ardiendo en su pecho, el dolor lo abrumó y durante unos segundos enloqueció y ese momento tan doloroso, su mente se aclaró. La idea del robo se hizo clara, evoco como entro al sitio, como violo los candados y como reviso el sitio hasta que dio con el libro, y al final de toda esa proeza la cara de quien lo contrato. Un señor muy mayor, de piel blanca, llena de arrugas y manchas hepáticas, y la cabeza totalmente blanca, el hombre vestía bien y tenía una expresión de odio en sus ojos, un brillo de maldad absoluto.

- Ya veo, es él. Hay otros que les gusta la lectura fina. Bueno ya sé quien es y como hallarle; ya ajustaré cuentas.- dijo con calma- Dime una cosa Anferní, ¿Te dije mi nombre? ya veo por tu expresión que no lo hice, que descortés. No tenías forma de agradecerme, mi nombre es Rafael Velasco, recuerda bien ese nombre. - Rafael hizo el amago de irse y en aquel momento Anferni vio algo en la oscuridad, que heló su sangre; dos puntos rojos y una ristra de colmillos.

- Te has puesto pálido, ¿Se te bajo el azúcar?- inquirió con sorna- ¡Ah, ya veo! Pensé que te gustaban los perritos y te traje uno aquí; vaya que boca o mente tan sucia.- dijo con alegría- vamos, tu Anferni, un tipo que se ha batido a tiro parejo con varios hampones de calibre se asusta frente a un perrito.

- Pero, yo pensé...

-Pensaste mal.

- Pero yo merezco la redención, me enmendé, busque la paz.

- No te enmendaste, te alejaste del mal. Enmendarse requeriría reparar todo el mal que has hecho, y realmente has hecho mucho mal. Esconderse no sirve para nada; y en cuanto a la paz, te diré algo, la Biblia dice, en el antiguo testamento, en el libro de Isaías, si la memoria no me falla- comento- dice con claridad: No hay paz para los malos. - agrego mientras se desvanecía en la oscuridad. Y Anferni sintió el peso en la cama, y el aliento de la bestia y los ojos carmesí acercándose a gran velocidad.

-Recuerda gritar mi nombre desde el infierno, Rafael Velasco, el que te dijo que no hay paz para los malos.- dijo por última vez el brujo mientras desaparecía en la oscuridad Y el hampón aullaba con lleno de terror.

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Re: No hay paz para los malos

Mensaje por Lobo7922 el Sáb Nov 20, 2010 11:37 am

El relato está mu interesante pero como tú mismo dices, le falta, una recomendación muy sencilla sería leerlo en voz alta para encontrar los problemas de puntuación y de ritmo.
Lo otro es que evidentemente es la primera parte de una historia mas larga, una historia que pinta bien y que me gustaría seguir leyendo Smile

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Re: No hay paz para los malos

Mensaje por WilliamDarkgates el Sáb Nov 20, 2010 11:42 am

Si debi revisarlo mucho más, con Stilus. Pero no sé fue un intento de crear mi propio Constantine y mezclarlo con Supernatural y Venezuela. Tal vez lo que haga sea seguir el cuento o recrear al personaje. No sé aun estoy dudoso de eso. pirat pero el personaje esta allí, rondando mi cabeza

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Re: No hay paz para los malos

Mensaje por Lobo7922 el Sáb Nov 20, 2010 11:54 am

Bueno, pero adelante que promete Smile

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