El Gambito de Dante

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El Gambito de Dante

Mensaje por WilliamDarkgates el Sáb Oct 22, 2011 11:13 am

I


La tenue luz y el humo le daban a los pasillos de la base estelar un aspecto siniestro; totalmente distinto del usual antiséptico y artificial que poseían todas las estaciones federales. Kuriko había estado en Espacio Profundo 9 y en aquel momento no pudo evitar sentirse de nuevo en aquel lugar, al estar rodeada de tanto oscuridad y calor. Con su arma faser en mano avanzó con mucho cuidado; durante un momento estuvo tentada a tocar su insignia para comunicarse con su primer oficial, pero algo dentro de ella le decía que Dante estaba cerca, debía darse prisa y no advertir su posición.

Anduvo un rato, el humo y la escasa iluminación eran desorientadores. Durante un buen rato la situación no vario hasta que el ruido de la batalla la guió hasta un pasillo. Llegó hasta el final del corredor, se arrodilló con cuidado en la esquina, cuando escuchó unos gorgoteos y una carcajada; y en un instante supo que aquel hombre y su secuaz estaban haciendo algo degenerado. Con la cautela propia de un felino, la mujer se asomó por el corredor. Vio el camino plagado de los cadáveres de varios miembros del cuerpo de seguridad de la base estelar. Todo heridos y algunos aun humeando por los impactos de disruptores que recibieron. Al final de aquella masacre se hallaban las dos figuran que conocía bien.

Alto, fornido y de aspecto bestial, el secuaz sin nombre, estrangulaba a un agente mientras que a su lado Dante sonreía y observaba embelesado. Ambos pertenecían a la misma especie: los Dacteri; y presentaban sin duda los rasgos característicos de aquel pueblo, pero no podían ser más diferentes. Eso, en gran medida, se debía a aquella especie estaba dividida en castas; el gigantesco asesino era un soldado, diseñado genéticamente para combatir, resistir el dolor, y verse imponente. En cambio, Dante, era de la clase regente, y su aspecto estaba en consonancia con ello, era delgado, cruel, resistente y… hermoso.

Kuriko tuvo que reprimir su ira mientras que rápidamente ajustaba su Faser a matar. — Cálmate— se conminó. Inspiró y exhalo hasta que sintió que se calmaba lo suficiente como para disiparle al Secuaz. Deseaba a Dante vivo, lo necesitaba en buenas condiciones, pero al secuaz le haría pagar por la muerte de todos esos jóvenes, y por el atentado en la base.

Observó al soldado, llevaba este una armadura, la joven sabia que aquella obra de diseño militar, absorbería parte de la energía del faser dándole posibilidades de sobrevivir y contraatacar, era por lo tanto imperativo ser certera. Así que con calma, controlando su respiración apuntó al cuello, un punto desprotegido. Una vez que logró hacerlo apretó el gatillo.

El fogonazo del Faser iluminó el pasillo y arrojó al hombretón contra el muro del fondo, el sonido del impacto resonó por todo el pasillo. Dante aulló y corrió hacia donde estaba despejado, a la Derecha. Pudo haber huido, pero su ego lo conminó a decir algo.

—Capitana Matsumoto, no la sentí llegar. — dijo desde la esquina, el tono en su voz era mezcla de algo de desdén, sorpresa y burla. —Veo que has mejorado en el arte de ocultar tus pensamientos.

Kuriko no pudo evitar sonreír por aquel halago. Dante era un psíquico muy poderoso, tanto como los grandes maestros de Vulcano o Betazed. También poseía otros poderes asombrosos, y el hecho de agarrarlo desprevenido con una técnica básica como el blanqueo del pensamiento, era ya un triunfo para la capitana. Kuriko, sin pensarlo volvió a disparar, esta vez contra el muro del fondo, y Dante volvió a aullar.

—Ser así de incivilizado es innecesario, Capitana. — agregó.

—Eres hombre muerto, Dante— replicó Kuriko incapaz de contenerse, mientras volvía durante un segundo la vista hacia el faser para colocarlo en una posición que hiciese menos daño, al fin y al cabo la meta era capturar a Dante vivo.

— Todos estamos muertos, amada mía.

—Entonces no te molestará unirte a la fiesta. — Replicó Kuriko. —Dime ¿Esta vez por qué es? ¿De nuevo quieres que la Federación libere a Bai-lang del control hegemónico del Directorio? o ¿Ta vez por qué se te rompió una uña?

—No, esta vez es por la Emperatriz Donatra, los refugiados y disidentes romulanos. — replicó, Kuriko pudo percibir el descontrol, en la voz de Dante.

— ¡Política! ¡Qué mediocre!, ¿sabes, Dante? ya no te creo nada; todo esto Dante, todo esto fue por...

—Motivos elevados amada... — le atajó el Dacteri. En otro momento la capitana se habría molestado por la intromisión, pero el hecho de que este la cortará en pleno dialogo era claro ejemplo de que sus juegos mentales estaban funcionando.

—Puro placer— replicó ella— no reconocerías un motivo elevado aunque te mordiera el trasero. Un Klingon ebrio y un avaro Ferengi, un esclavista Breen, todos ellos son más elevados que tu.

— ¿Cómo osas?— replicó enfurecido mientras hacia un amago para salir del sitio seguro.

Al ver su cabeza Kuriko disparó sin dudarlo, pero el hombre alcanzó a agacharse y evitar el disparo. Acto seguido se internó en el pasillo. Kuriko toco su insignia y replicó.

—Número uno, se dirige al almacén. Voy a por él.

— Espéreme Capitán. —replicó la voz del primer oficial. —No vayas sin respaldo.

Sin dudarlo un segundo Kuriko Matsumoto se internó en el pasillo. Echo un vistazo a los cadáveres, aquella visión encendió su ira, mucho más.

**

La puerta del almacén estaba atascada, y Kuriko no hallaba forma de destrabarla por los medios convencionales. Estuvo tentada, durante un momento, a descargar toda la energía del Faser contra aquel muro, pero si lo hacia quedaría indefensa contra Dante.

Sabía que el hombre no escaparía por medio de los teletransportadores por que todos en la estación fueron inhabilitados, y a su vez varias sondas recorrían la estación evitando cualquier forma de movimientos por ese método. Comenzó al golpear la maldita puerta, y a gritarle.

—Capitán, ya veo que me hizo caso. — replicó una voz familiar desde el pasillo. Al cabo de unos segundos estaba a su lado su primer oficial y un joven alférez. Rann Thalas, era un bajorano alto, rubio y bien parecido; su nariz y labios evocaban a las estatuas del arte grecorromano, sino no fuese por sus estrías. Era todo un adonis, y a juicio de la capitana un hombre deseable, sino fuese por aquella gélida mirada que siempre tenía en sus ojos azules.

—Ayúdeme a abrir esta puerta. — ordeno y cayo en cuenta que a Rann lo acompañaba un joven alférez.

—Si, Capitana— replicó el alférez y con la velocidad que caracteriza a todo joven en la flota puso manos a la obra.

La puerta rechinó con fuerza mientras era forzada por los tres oficiales de la flota. Al cabo de unos segundos lograron abrirla. El almacén estaba muy bien iluminado, más o menos vacío y en el medio estaba él.

Dante, se hallaba de pie en medio de tres cilindros que flotaban a su alrededor, dos brillaban y él estaba presto a encender el tercero. Kuriko no tuvo que mirar por una segunda vez para saber que esos aparatos pretendían inhabilitar el campo restrictivo que pendía sobre la base. ¿Pero si hacia eso como escaparía? Pues salvo su nave, la U.S.S Hermod en aquel sector no existía ninguna nave espacial.

— ¿Y, Bueno? ¿Qué haremos?— inquirió Dante.

Kuriko lo observó, estaba en el medio, parecía una especie de querubín pervertido con sus ojos amarillos, sus pómulos altos, sus cabellos amarillos trigo recogido pulcramente en una cola y aquella candorosa sonrisa, que dejaba ver sus colmillos. Las estrías que los dacteri poseían, nacían en las sienes y descansaban en las mejillas, con frecuencia eran de un azul celeste, pero las de Dante brillaban en un verdor fluorescente que expresaba que había algo inusual, no solo en él sino en su salud.

—Aléjese de ese supresor y tiéndase en el suelo. Usted está arrestado por cargos criminales contra la Federación Unida de Planetas.

— ¡Ah! El Estoico caballero andante — dijo — Es excelente papel para usted, señor Thalas. Pero, créame no le queda. Así no se ganará su corazón.

El primer oficial gruñó; mientras el hombre se carcajeaba. Kuriko pasó por alto el mordaz comentario de Dante y el trató confianzudo que tuvo con su primer oficial al llamarlo por su nombre y no por su apellido.

—Has lo que te dijo el Comandante Rann— Ordenó Kuriko.

—¡¡Ese tono, querida mía!! — replicó Dante, quien se sentía ganador. — Yo no soy uno de tus monigotes, pseudomilitares que te saludan y tratan con vehemencia y supuesto respeto y demás solo por cuatro cuentas de metal en tu cuello. Yo soy…

—Dante, Alto Jerarca del Único, sucesor del Trono dorado, Emperador de Bay-lang… blah, blah Blah. Hazte un favor, Dacteri. Cállate. — así replicó la mujer.

La expresión en el rostro de Dante cambió. Ahora miraba a la capitana lleno de ira; sus ojos amarillos fueron cubiertos por un segundo parpado blanco, y sus estrías brillaron con fuerza. Movió sus pies adelante y terminó de encender el cilindro.

— ¡Fuego!— Ordenó Kuriko sin dudarlo.

Tres descargas de Faser salieron disparadas con precisión; en condiciones normales habrían impactado de lleno en aquel hombre mientras lo arrojarían al suelo; pero aquellas no eran condiciones normales. Un campo de energía apareció entre los oficiales y Dante. El destello iluminó el almacén por completo y con él la risa burlona de Dante.

—Adiós Thalas, piensa en lo que te dije. Adiós amada mía, ya nos veremos. Adiós alférez Bonilla, espero que no haya pecado contra su Dios. — dijo Dante, y acto seguido desenfundo un disruptor que disparo contra este último.

Thalas apenas pudo responder y Kuriko alcanzó solo a avanzar unos pasos mientras gritaba llena de furia, al ver como un joven alférez caía muerto y el maldito de Dante se desvanecía. El sonido del cadáver del alférez al caer al suelo, sacó a la mujer de su ensoñación.

—Maldito Dante, ganaste de nuevo.— dijo conteniendo la ira que crecía cada vez más al percatarse de que, la elaborada huida de Dante, y el efectivo ataque significaba que aquel había sido un plan, también diseñado que sin duda había infiltrados dentro de la base.

Tocó con fuerza insignia y dijo. — Alerta, Teniente Comandante Bolívar, el canario se ha escapado de la Jaula.
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Re: El Gambito de Dante

Mensaje por WilliamDarkgates el Dom Oct 23, 2011 3:03 pm

Solo había dos figuras al final del comedor; el cuarto turno estaba por comenzar y la mayoría de los oficiales de la Flota ya estaban ocupando sus puestos. Solo los que acaban de dejar el tercer turno tendrían razones para ir al comedor, pero después de aquel día la mayoría preferiría estar en sus camarotes o tal vez estarían en la Estación espacial asistiendo al personal de operaciones.

Así qué, cuando Thalas Rann escuchó el retumbar de los pasos en la sala, ya sabía quien estaba entrando. Con calma y una sonrisa en los labios, con tres vasos de cristal en la mano izquierda y una botella en la mano derecha, venia el Teniente Comandante Leonardo Bolívar.

El “sabueso” Bolívar, así era llamado entre susurros por la mayoría de los miembros de la nave. Era un humano que había nacido en la tierra, en un país llamado Venezuela. Su piel era broncínea y sus cabello castaños, su cara estaba decorada por un par de ojos café, a los cuales no parecían importarle mucho su entorno, pero Rann sabía que lo detallaban todo. Su nariz no era muy pronunciada, y sus labios eran carnosos, según él se debía a que su abuelo era afroamericano. Sí, aquel había sido el término usado.

Rann no detestaba al Teniente Comandante, realmente lo consideraba un hombre útil y valioso, alguien que merecía tenerse cerca. Pero esto no solo se debía las cualidades positivas, sino a su naturaleza. Bolívar parecía estar siempre en calma, nada lo perturbaba siempre sonreía sin importar la situación, era como si fuese muy feliz o tuviese agua heladas en las venas. Aquello exasperaba a muchos miembros de la tripulación, porque daba la impresión de que no se tomaba nada en serio. Aunque realmente si lo hacía, cuando algo llamaba su atención el hombre cambiaba, se enfocaba. Fruncía el seño y fijaba la vista, se volvía un sabueso. En la Hermod se sabía que las cosas iban realmente mal cuando Bolívar estaba enfurruñado.

Por suerte para la nave; el Teniente Comandante Bolívar, jefe de Seguridad y Tácticas estaba sonriendo.

— ¿Qué trae allí, Señor Bolívar? — preguntó el Bajorano.

—Whiskey escocés, de dieciocho años, alcohol de verdad, no esa tontería de sintealcohol que están bebiendo. —Replicó con si típica sonrisa

—Permiso para hablar libremente, señor — demandó el acompañante de Thalas Rann, y antes de que este pudiese objetar Bolívar respondió.

—Hable, Señor Castellani o calle para siempre

—Usted no quiere servir para nada, señor. — respondió este y ambos hombres comenzaron a reír. Al bajorano no le hizo gracia pero guardo silencio. Replicarle al Teniente Giuseppe Castellani no era sensato. Aquel humano provenía de una zona en la tierra, donde las personas parecían ser respondonas y atrevidas. Su piel era un poco más oscura que la de Bolívar, y sus cabellos eran más rizados y negros, sus nariz era aguileña, y su estatura más su mal carácter lo hacia un personaje muy curioso. Castellani, había sido Teniente Comandante en una nave estelar, hasta que fue degradado por insubordinación y falta de respeto. Y solo estaba en la Hermod porque era uno de los mejores ingenieros de la flota y el mejor amigo de la Capitana.

Bolívar colocó los vasos y sirvió el alcohol. —Estas alegre, señor Bolívar ¿tienes buenas noticias?

—En efecto, mi comandante. — Replicó — los hombres de Dante hablaron. Inteligencia de la flota, ya esta advertida sobre los posibles deshuesadoras desde donde pudieron haber conseguidos los Merodeadores Maquis con los que nos atacaron, seguro que ya deben estar interviniendo todos esos lugares.

—Y, con su merodeador maquis dañado Dante no tendrá a donde ir a reparar su nave. —replicó Castellani.

—Y, ¿Qué me dice de la tecnología de camuflaje que usaron para emboscar a la Hermod?— pregunto el Comandante, mientras olisqueaba la bebida que el humano le servía.

—Romulana, y de punta — respondió Bolívar —Eso fue lo que dijeron los miembros de Investigación y Desarrollo de la base.

Castellani silbó —Menudo lio, lo que nos faltaba.

—Ciertamente — Comentó Thalas y luego se trago por completo el contenido de su vaso arrugando apenas el rostro. — un poco más.

— ¿Tan grandes son las redes de la organización de Dante?— inquirió Castellani quien también hacia el gesto respectivo para que Bolívar le sirviese más Whiskey.

—No creo que sea tan extensa. La mayoría de los tripulantes de la nave que capturamos eran mercenarios Nausican, y uno que otro Kzin. Solo había un Dacteri. — replicó Bolívar mientras servía más Whiskey a su comandante y a su compañero.

—Lo que significa que los suyos son pocos, muy capaces y caros para él y los mantiene cerca. — Respondió Rann— son la verdadera fuerza.

—Y, ¡vaya fuerza!— exclamó Castellani — porque sino robaron ese artefacto de camuflaje, significa que convencieron al…

—…Tal´shiar, de que son capaces de darles un golpe fuerte a la Federación o entretenernos por un buen rato. — le atajó Bolívar.

Thalas Rann suspiró y luego agregó — no tiene sentido, si fuese así ¿por qué escoger una base como esta, en un sector poco trascendente? ¿Por qué no ir a por una embajada o por la sede en la tierra? No. Esa idea de conspiración romulana no me convence. Tal vez consiguieron ese objeto a través de un contrabandista Ferengi o algo así.

—Esperemos señor, porque si Dante y el Tal´shiar están juntos en esto, la situación va a ser peor de lo que se imagina.
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Re: El Gambito de Dante

Mensaje por WilliamDarkgates el Sáb Nov 19, 2011 8:42 am

III

Kuriko se quito la chaqueta y la arrojó en la cama de su dormitorio. Durante un rato estuvo caminando de arriba abajo por todo el camarote esperando que su ánimo, caldeado, se aplacase. Su mente comenzó a divagar durante un rato hasta que las piernas no pudieron sostenerla mucho más.

La capitana se sentía culpable por la situación, no habían previsto el ataque y tampoco logró capturar al terrorista.

—Infusión de Valeriana, caliente— ordenó al replicador.

La humeante taza de té se manifestó frente a ella. Kuriko la tomó y comenzó a soplarla para darle una temperatura agradable y fue a sentarse en su cama.

“… —Embajador T´leran todo está dispuesto como usted lo ha pedido. — dijo Kuriko mientras caminaba por los pasillos de su nave y miraba con detalle a su compañero. El Embajador T´leran era un vulcano de edad considerable para su especie y de mucha experiencia, pero caminaba compelido por una fuerza y presteza que negaban su naturaleza.

—Me parece muy bien capitana— replicó —He estudiado a los diferentes interlocutores en esta charla, y la lógica dicta que hay que ganarse a los Dacteris.

—Hacerlos entrar en confianza— dijo Kuriko. — Es curioso como la Diplomacia y la guerra se parecen.

—Realmente se parecen mucho más de lo que crees.

Kuriko estuvo a punto de reírse, pero pudo contenerse y agregó —El Informe de inteligencia dice que los Dacteris se encuentran en una situación inusual. Su planeta estuvo controlado por una oligarquía teocrática sustentada en un sistema de castas; al parecer hace unos años hubo una especie de revolución. — Kuriko revisó su Padd y agregó— Y, actualmente hay un Directorio que controla la mayoría del planeta. Este ha abolido el sistema de casta y se han abierto a un sistema democrático.

La mujer hizo una pausa a ver que decir el Embajador, pero como este no agregó nada más y continuó. —Aun entre los dacteris hay simpatizantes del viejo gobierno y estos son los que ha originado el impase con la Unión Cardassiana.

—Eso lo desconocía— respondió el embajador.

—Los Dacteri lo negaran. Al parecer lo ven como una especie de debilidad.

—Eso hará mucho más difícil las charlas.

—Sin duda Embajador; por suerte a los Cardassianos los conocemos. E Inteligencia nos ha comunicado que las facciones militaristas ya se están moviendo. Ven en este impasse una oportunidad de levantar los ánimos de la Unión. Si los Cardassianos se van de nuevo a la guerra, sin duda los militares preparan el escenario para dar un Golpe de Estado.

—Que, sin duda sería sutil.

—En efecto. Además, la victoria contra los Dacteris, quienes poseen una tecnología inferior y además poseen poco territorio, legitimaría al nuevo gobierno militar.

—Excelente y muy lógico— replicó el vulcano. —podremos contener a los Cardassiano con el elemento económico. Si tenemos éxito podríamos atraerlo aun más hacia nuestra postura.

—Entonces estas pláticas son de suma importancia.

— ¿Acaso no era obvio? Capitana…”

Kuriko le dio un profundo trago a su infusión, esperando que esta tuviese el efecto deseado; sin poder evitar pensar como había comenzado todo. Realmente aquella discusión tuvo una trascendencia mayor. La joven capitana termino su té en dos tragos y terminó de desvestirse.

—Una ducha te sentara bien, Matsumoto— se dijo mientras se dirigía a ello, sin poder evitar sentirse sucia de verdad. Hacía mucho tiempo atrás había aprendido a lidiar con el fracaso, pero este tenía un regusto sin igual.

“… La lanzadera Dacteri aterrizó con sumo cuidado en el hangar de la nave. Kuriko no pudo evitar asombrarse por la forma que poseía está; parecía una clase de insecto, una araña tal vez.

Kuriko lanzó una rápida mirada de reojo al embajador vulcano, este se encontraba totalmente calmado, como siempre. A la derecha de él se encontraba el embajador Cardassiano, Dales Tarakan era su nombre. Un cardassiano de cabellos castaños y de una piel clara; vestía de colores vivos y llevaba un traje menos vaporoso que su par vulcano. Sonreía al ver la lanzadera dacteri y Kuriko supuso que se debía al hecho, que por el chasis de la misma, se podía inferir el nivel tecnológico de los Dacteris. Durante unos segundos la capitana creyó ver un en sus ojos el brillo de un taimado oportunista; sintió como un escalofrió recorría su espina.

—Alguien esta danzando sobre mi tumba— masculló.

La puerta de la lanzadera se abrió lentamente, y luego con un crujido que sonó como un lamento, surgió la rampa de desembarque. Cuatro fueron las figuras que aparecieron. Los dacteris no era una especie impresionante, o visualmente impactante, como sin duda eran los cardassiano, los klingons entre otras que medraban por el cuadrante. A la joven le recordaban a los humanos, pero con ciertos rasgos felinos.

La capitana se adelantó junto a los dos embajadores. — Embajador Kalantes, es un placer tenerlo aquí— comentó la Capitana — Estos son el Embajador T´leran de la Federación y su par el Embajador Tarakan de la Unión Cardassiana.

El aludido sonrió y asintió — Mi asistente personal Se´ras— dijo este señalando a un hembra de su especie— mi guardaespaldas Thanis, y mi paje Dante.

— ¡Esto es un ultraje!– replicó rápidamente el Embajador Tarakan. — ha traído a uno de sus soldados a unas platicas de paz.

— ¿He hecho algo indebido?

—Sin duda— replicó T´leran— pero, en el espíritu de las buenas relaciones, será una transgresión que dejaremos pasar por alto está vez.

—Pero… ¿Capitana?

Kuriko miró al embajador y comenzó a considerar su respuesta. Estaba al tanto de que en aquel momento ella tenía a las conversaciones en una balanza. —Su Guardaespaldas se quedara en el comedor acompañado de varios de mis hombres. ¿No creo que le moleste?

Kalantes consciente de su situación sonrió y luego miro al soldado y respondió por él. — El joven Thanis no tiene problema alguno.

—Entonces no se diga más. — replicó Kuriko. …”
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Re: El Gambito de Dante

Mensaje por WilliamDarkgates el Sáb Nov 19, 2011 8:43 am

La puerta se abrió rápidamente y Kuriko entró a la sala de reuniones, una vez que lo hizo las conversaciones cesaron y los miembros de la Plana Mayor de la nave se pusieron de pie. Rápidamente fue a su asiento, a veces no se sentía cómoda con el trato que recibía como capitán, y después del día de ayer no se sentía digna de tal trato.

Tomo su padd y en el ordenador frente a su puesto introdujo la barra isolineal donde se hallaba toda la información que había preparado. Rápidamente introdujo un código que facilitó la información a los otros miembros de la plana.

—Bien señores— dijo con un tono solemne y sin reparar en saludos. — Supongo que todos han recibido el informe del Señor Bolívar sobre las pesquisas que se hicieron a la nave que logramos capturar.

Los miembros de la plana se limitaron a asentir. Miró la pantalla del ordenador y luego a sus subordinados y continuó. — Dígame Señor Bolívar, ¿Qué más consiguió con sus pesquisas?

—Inteligencia de la Flota, nos comunicó que se ha descubierto que Dante va a realizar una serie de ataques en otras bases estelares. Al parecer las bases están muy alejadas entre sí, y fueron seleccionadas al azar.

—Entonces es obvio que son una serie de distracciones. — Le cortó el Comandante Rann. —Es la típica actitud del Terrorista.

—Y de un combatiente asimétrico— replicó de nuevo Bolívar, al parecer algo molesto por la interrupción de su superior.

—Sun Tzu — replicó distraída Kuriko.

— ¿A qué se refiere con eso, Señor?— Inquirió Bolívar.

—Sun Tzu, proponía que no se debía atacar a un blanco directamente. La Guerra es el arte del Engaño; atacas a otro blanco y tu enemigo concentra sus fuerzas y atención allí, dejando al blanco que te interesa desprotegido. Allí atacaras con toda tu fuerza. —Respondió la mujer mirando a su subalterno.

Los oficiales de la plana Mayor guardaron silencio durante un rato y luego el mismo Bolívar se digno a preguntar.

— ¿Entonces los atentados tienen como finalidad distraer nuestra atención de un evento de mayor importancia?

—En efecto, Señor Bolívar. —Replicó Kuriko con un tono frio— Y, si se pregunta ¿Cuál evento será? le responderé con todo gusto que no son las Platicas Tripartitas con la Unión Cardassiana que se celebrarán dentro de poco.

—Entonces ¿Qué desea atacar? —preguntó el Teniente Castellani, quien se encontraba sumamente desconcertado, al igual que los otros miembros.

—La meta del ataque es sembrar miedo— Respondió el Comandante Rann, en cuyo rostro comenzaba a verse la luz del entendimiento. —Hacerles pensar a los Cardassianos y Klingons que no tenemos fuerza y capacidad para protegernos. Pero eso no es todo, ¿Verdad Capitán?

—Ciertamente—respondió esta. —Dante busca y desea que movamos nuestras fuerzas, que las dispersemos. Si inteligencia supo descifrar sus intenciones con tanta rapidez, se debe a que fueron deliberadamente obvias. Dante realmente quería que supiéramos lo que iba a pasar.

—Acción que concuerda con su rampante narcisismo —Interrumpió por primera vez Azala Dan— Su megalomanía, egocentrismo y por su obvia condición antisocial.

Kuriko sonrió a la mujer; estaba feliz de tenerla allí. La Comandante Azala Dan era la doctora de la nave. Una Trill, no unida, muy bien parecida de ojos azules y cabellos dorados. Kuriko apreciaba a la doctora como académica y consejera. Mientras la escuchaba no pudo evitar mirar a Tamist, quien era su jefa de operaciones, esta era una boliana, de piel azul pálido y carácter jovial, como todos los miembros de su especie. Aquella discusión parecía tener al jefe de operaciones en un estado de incertidumbre.

— ¿Sí no desea acabar con las pláticas, cuál es el plan de Dante?— Preguntó de nuevo el Teniente Castellani.

—Desea causar caos, Giuseppe, eso sin duda. —Replicó Kuriko. — para complacer a sus amos Romulanos sus acciones afectaran a las platicas. Pero su meta última es Bay-Lang.

— ¿Qué ganaría al reconquistar a su planeta?— preguntó la Teniente comandante Tamist, con su tono jovial y lleno de duda.

—Pues es obvio— respondió el último miembro de la plana que no se había dignado a hablar. —Complacer tanto a su ego como a sus amos. — finiquitó con un tono frio y lógico digno de un vulcano, pero el interlocutor no lo era.

El Teniente comandante Mekor, jefe del departamento de ciencias de la U.S.S. Hermod era un mestizo. Mitad humano y Mitad Cardassiano. Lejos de ser producto de la guerra o el acercamiento pacifico como solían ser, en el mejor de los casos, los mestizos. Mekor era producto del espionaje. Hijo de un agente cardassiano infiltrado, en la sociedad humana, que halló mucho más satisfactorios los brazos de una bella humana que el deber a la orden obsidiana.

Debido a su naturaleza, el joven agente tuvo que esforzarse el doble en una sociedad que a pesar de ser muy abierta y tolerante no pudo evitar verlo mal; especialmente durante la guerra contra el Dominion. A la larga como forma de defensa desarrolló una personalidad introvertida, lógica y fría, cercana al estilo vulcano, que le permitió un ascenso veloz en el terreno de las ciencias.

—Al conquistar Bay-Lang crea otro frente contrario a la Federación y un enemigo latente para la Unión Cardassiana. —Replicó Kuriko. La capitana miro al señor Bolívar. — dígame Teniente comandante, ¿Cuántos escenarios catastróficos arrojaría esa situación?

—Una Cardassia que vería a la Federación como débil; por lo tanto poco dispuesta a unirse al Acuerdo de Khitomer. Una Cardassiana que atacaría a los Dacteris aludiendo legítima defensa, una Cardassia Guerrera, en la cual el Comando Central retomaría el control. Adiós a la democracia, Adiós a la posible Alianza con la Federación. —Respondió el aludido.

—Hola, vieja Cardassia, aliada con el Imperio Romulano. — le interrumpió el Comandante Rann consternado.

—En efecto— replicó Kuriko

— ¿Cuál será el curso de acción?—Preguntó el Teniente comandante Bolívar.

—Inteligencia ya está haciendo lo suyo. En este momento es seguro que las fuerzas de la Federación están previniendo los ataques y reforzando la seguridad en el sitio de las conversaciones. —Respondió Kuriko con calma, mientras miraba a Azala esperando que esta le interrumpiese.

—Pero con eso llevan a cabo, aunque de otra forma, el plan de Dante — comentó la Jefa de Operaciones.

—Sí, esa es la intención. Dejar que Dante se confié y así cometerá un error. —Respondió Kuriko, asombrada por la participación de la boliana. —Inteligencia nos ha comunicado que en Bay-lang ya empezaron las disputas y los problemas. Las condiciones para la contrarrevolución de Dante se están gestando.

—Para que Dante llegué con sus fuerzas como un salvador— replicó la Doctora Azala. — Típico de una conducta sociópata, no le importa las vidas que se pierdan de bando y bando siempre y cuando sea su ego el que esté satisfecho. Llegará como un salvador desde los cielos y restablecerá el sistema existente anteriormente. El papel de Mesías es ideal para su personalidad.

—Exacto, salvó que nosotros estaremos para detenerle— respondió Kuriko.

Spoiler:
Este capitulo es el que más problemas me ha dado, lo he rescrito, pero esta es la versión original
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Re: El Gambito de Dante

Mensaje por WilliamDarkgates el Sáb Nov 19, 2011 8:44 am

Bay-lang, con toda su hermosura se manifestó ante él. Era, como recordaba, una esfera aguamarina, única y vibrante, y a su vez su más grande anhelo. Durante siglos, su casta había regido aquel mundo, ahora todos habían sido asesinados o desplazados, por las castas inferiores. Ideales corruptos como la igualdad, la democracia y la libertad habían infectado su mundo, sembrándolo de muerte y caos y sobre todo alejándolos de su Dios. Pero ahora él estaba allí, todo eso cambiaria.

— ¡Oh amada mía!— dijo — te muestras ante mí, vulnerable, temerosa y aun con el velo sobre tu rostro, pero no temáis, pues soy un cándido hombre y un tierno esposo. — masculló mientras observaba al planeta a través de la pantalla.

Pudo ver como los satélites de defensa y otras patrullas que se movían en su orbita sincrónica, sin saber que su gigantesca nave: la Restitución, se hallaba allí lista para desplegarse. Se preparaba para dar la orden de descubrirse, en su mente ya se veía como vencedor. Ninguna nave del planeta, ni los satélites de defensa o las minas orbitales podrían hacerle frente a su nave, la cual tenía la mejor tecnología que los Romulanos y sus aliados, podían ofrecer.

Una vez que destruyera las defensas descendería con su nave a cierta altura y desde allí se transportaría a la superficie con sus tropas de choque. Los fieros Nausican, los brutales Gorns, los silenciosos Remanos y claro está los soldados Dacteri de la casta guerrera. Todos ellos parecerían a su confundido pueblo, como demonios, terribles bestias surgidas del averno, pero tan disciplinados y plegados a la voluntad de él, que nadie dudaría de sus cualidades paranormales… NO, paranormales, no. Divinas.

—Señor los sensores detectan una firma de energía inusual, es una nave estelar. —dijo el oficial táctico.

— ¿Dónde?— inquirió Dante temiendo que alguien en Bay-lang hubiese dado con él.

—Esta oculta detrás del satélite natural más cercano. — replicó el oficial. — se dirigen hacia aquí, parece que saben dónde nos hallamos.

—Eso es imposible— replicó Dante— Póngalo en pantalla.

Grande fue el susto que se llevó el dacteri cuando observó la nave que se dirigía en curso de intercepción. En otros tiempos se habría asombrado, aun más, pero reconocía la forma a distancia. Aun así, pidió que ampliaran la imagen. Ante él se encontraba la U.S.S. Hermod en todo su esplendor.

— ¿Cómo dieron con nosotros?

—Realizaron un rastreo de partículas Tachyon de alto espectro; señor— Replicó el Timonel.

—Nos saludan, señor— dijo el navegante.

¿Cómo era posible? Pensó más de una vez el dacteri, su plan era infalible, conocía a Kuriko y sabia que seguiría ordenes, que su prioridad eran las conversaciones de paz con aquellas lacras cardassianas. No había manera que la mujer se estuviese saltando las reglas… a menos que hubiese penetrado en su mente, dado con sus pautas de comportamiento, pensando como él. Aquellas ideas comenzaron a recorrer su mente, y por primera vez en mucho tiempo, Dante se sintió vulnerable; por primera vez en años sintió miedo.
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WilliamDarkgates

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Re: El Gambito de Dante

Mensaje por WilliamDarkgates el Sáb Nov 19, 2011 8:44 am

Una Kuriko con el ceño fruncido, observó como aquella nave se descubría. Tal como había predicho, Dante se revelaría antes de saludar. —Eres como un pavo real. — masculló ella mientras observaba con detalle el chasis.

La nave del dacteri, tenía una forma inusual, le recordaba en cierta medida a las naves del Dominion. Estas tenían las barquillas Warps incorporada a la parte posterior de la nave, dándole el aspecto de la parte posterior de un insecto. Igual que aquellas naves, la de Dante tenía una retaguardia amplia, que se unía a otra parte un poco más pequeña al frente, de la cual surgían a su vez cuatro largas extremidades, parecidas a tentáculos. Kuriko y muchos de los miembros de puente pensaban que tal vez estaban viendo la nave desde atrás y no por delante; pero sabían que los sensores no se equivocaban.

Todo con Dante era inusual, aquella era la razón por la cual lo odiaba. Hacía mucho tiempo, mientras se llevaban las pláticas de paz, donde la Federación medió entre el Directorio de Bay-Lang y la Unión Cardassiana, allí una complaciente Kuriko cedió al candor de un joven paje llamado Dante.

Recordaba aquellas fechas, como si fuese ayer, pues eran sin duda un estigma que ella cargaba. Tratando de ser obsequiosa, había bajado la guardia y dejado que aquel joven inusual e interesante la envolviese en su red, en poco tiempo ella y otros miembros de la tripulación, habían sido seducidos por su encanto. No sabía cuál había sido la intensidad, que la relación de Dante y los otros tripulante habían tenido, pero la de ambos había sido realmente intensa. Dante, la había entendido a cabalidad, la había leído como a un libro y había dicho lo que ella quería escuchar. El dacteri se había percatado, que ella, como todos los individuos en puestos de verdadero poder, estaba realmente sola. Conociendo aquel defecto, se había decidido a llenarlo o mejor dicho a fingir que lo llenaba.

Kuriko evocó las largas e intimas conversaciones, los besos y las caricias, los momentos de debilidad y las promesas. Y no pudo hacer nada más que sentir asco y odio. Frente a Dante había vuelto a ser la niña desvalida que había perdido a su padre a temprana edad; frente al dacteri, había sido ella de verdad. Aquello no habría sido pernicioso con otro hombre, además habría sido hasta deseable, lo único malo era que aquel hombre se había aprovechado de esa situación.

El chasquido del saludo sacó al capitán de su ensoñación, y mecánicamente ordenó que el mensaje se transmitiera a la pantalla principal.

—Capitán Matsumoto— dijo obsequiosa y alegremente el alienígena. — ¿a qué debo el placer?

—Señor Dante, usted estaba bajo arresto por crímenes cometidos contra la Federación Unida de Planetas. Prepare su nave para ser abordada o en su defecto entréguese por las buenas.

—No reconozco ninguna autoridad Federal— replicó el aludido— Y, a estas alturas de la vida, querida mía deberías saber que no respondo ante nadie. Yo tengo una mejor oferta, saca tu nave del soberano espacio de Bay-Lang, donde no tienes jurisdicción y dejaré que esto pase como un incidente menor.

—No está usted, en situación de negociar— replicó Kuriko sin perder la compostura.

—La Restauración es superior a la Hermod, no me amenace. Además, si hace algo usted estaría violando los valores de su federación, los cuales sino me falla la memoria, todos tienen en alta estima.

Kuriko sonrió frente aquella respuesta; Dante le recordaba que la conocía muy bien. Se sentía seguro y orgulloso o fingía estarlo, pero en el fondo ella sabía que no era así. —Sabes que te estoy leyendo como a un libro, tienes miedo y por eso te vales de esos artilugios legales— se dijo la capitana

—No lo advertiré de nuevo. Entréguese o comenzará algo que no podrás detener. Obviamente tu plan ha fallado, ríndete y tendré piedad de ti. Estarás más seguro y cómodo en nuestra prisiones. Te protegeremos de tus amos romulanos, como el indefenso cachorro que eres.

— ¿Cómo te atreves, mocosa?— replicó el dacteri, realmente furioso. — ¿Cachorro? ¿Cachorro? ¿Cachorro? ¿Cachorro? ¿Cachorro? ¿Piedad? ¿Piedad? ¿Piedad? ¿Piedad? ¿Piedad? Tú serás la cachorra, te capturare y te pondré un gran aro al cuello, te tendré desnuda y haré que toda la tripulación…

Dante no pudo terminar de proferir sus amenazas, pues a una señal suya la capitana le había cortado en seco.

—Alerta Roja, todo el mundo a sus estaciones de batalla. — Ordenó una sonriente Kuriko.
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Re: El Gambito de Dante

Mensaje por WilliamDarkgates el Sáb Nov 19, 2011 8:45 am

En un enfrentamiento, en una batalla, en la guerra siempre hay factores que pueden alterar los resultados que inicialmente se tenían por seguros. Quien ataca primero, quien es más rápido, quien está mejor preparado, quien conoce el terreno, o es el más hábil, es aquel que puede marcar la diferencia y conseguir doblegar al oponente.


La Restauración tenía el doble del tamaño de la Hermod, además estaba fuertemente armada, pero Dante carecía de la tripulación y la experiencia de esta última. La Hermod rápidamente avanzó por debajo de la Restauración y realizó unos cuantos disparos, antes de poner rumbo hacia el satélite natural más cercano. Dante, enfurecido y con poca experiencia decidió seguir a la nave federal.

Para cuando llegó al satélite, la Hermod apareció por el otro lado, había circunvalado el cuerpo celeste a gran velocidad. La retaguardia de la nave del dacteri se hallaba desprotegida y Kuriko no dudó en atacarla con todas sus fuerzas. Una andanada de torpedos fue lanzada desde la Hermod, estos últimos dieron en su blanco con una precisión quirúrgica destruyendo puntos clave de la otra nave, pero haciendo solo el daño suficiente para provocar a su adversario. Acto seguido la Capitana de la nave federal puso rumbo hacia el planeta.

Dante, cada vez más herido en su orgullo, dio la vuelta hacia la Hermod sin mediarlo un segundo y disparando a discreción. Sus disruptores alcanzaron la retaguardia de la nave federal, pero no lograron hacer un daño significativo. Su oponente parecía estar dos pasos delante de él. Enfurecido cada vez más, el capitán dacteri repitió su ataque una y otra vez, sin prestar atención a sus hombres, y mucho menos a su entorno.

Tarde fue cuando se percató de que la capitana de la nave enemiga lo había atraído hacia un terreno que no le era favorable. Estaba al rango de los satélites de defensa de Bay-lang, y estos no dudaron en atacar. Aquella arremetida realmente no minó de forma alguna el escudo delantero de la Restauración, e hizo que la moral de su capitán aumentara al resistir aquel embate. Orgulloso de haber resistido el dacteri no dudo en contraatacar con todas sus fuerzas contra estos. Realmente se sintió todopoderoso al verlos estallar en medio del espacio. Aquel momento de triunfo habría sido verdaderamente significativo, si la Hermod no hubiese intervenido, y si Dante se hubiese percatado de que todo era una distracción.

La Hermod poseía un gran timonel, cuyo talento le permitió eludir los satélites con facilidad y además posicionarse convenientemente en uno de los flancos de la Restauración. Aquella parte de la nave esta mínimamente protegida, pues Dante había concentrado sus esfuerzos en el frente. Sin dudarlo, la Hermod lanzó un ataque combinado de faser y torpedos.

Los estallidos de energía surgieron por todos lados, el golpe había sido efectivo y realmente letal, pero no lo suficiente para acabar definitivamente con la nave dacteri.

—Sus sistemas de armas están a menos de la mitad de su capacidad, Señora— dijo el Teniente comandante Bolívar.

—Habrá un canal— ordenó Kuriko. La orden fue cumplida sin rechistar e inmediatamente frente a la pantalla se encontraba la imagen de Dante. Kuriko lo detalló, el hombre estaba molesto, sus rasgos se habían deformado, atrás quedaba la expresión de suficiencia para dar paso a un rostro lleno de frustración y desesperanza. —Saludos, conquistador de Bay-lang, Mesías de los Dacteri— dijo la mujer mientras observaba con cuidado aquel puente donde las llamas, el humo y el caos estaban haciendo de la suyas.

—Tú, Maldita…

—Su nave se encuentra significativamente dañada, nuestros sensores revelan que muchos de sus sistemas están fallando. —le atajó Kuriko. —Estamos dispuestos a dejar a su nave intacta, y perdonar a su tripulación, si el mesías se entrega. ¿Qué le parece mi oferta?

—Maldita humana, puedes meterte… —de nuevo la comunicación fue interrumpida por Kuriko con una simple señal.

—Señor Bolívar, daremos el puntillazo final.

Desde el puente de la Restauración un enfurecido Dante observó como la nave estelar federal se dirigía hacia él. Parecía cargar a gran velocidad, probablemente volvería a aprovechar su tamaño y pasar por debajo de la nave de Dante y atacarla por el vientre.

—Ponga curso de intercepción— Ordenó el Dacteri.

—Señor, sin duda sería preferible realizar una maniobra evasiva o huir del sector. — recomendó el timonel de la nave.

—Haga lo que le digo— gritó Dante enfurecido.

—Señor…pero…— titubeó el timonel y aquello fue lo último, que aquel miserable, pudo hacer en su vida, pues un enloquecido Dante no dudó en tomar su arma y dispararle a mansalva.

El último ataque propinado por la nave federal no fue letal, pero si causó un efecto en cascada en todos los sistemas, en cuestión de segundos todo comenzó a fallar. Consciente del peligro rápidamente la tripulación comenzó a evacuar a su forma la nave.

Dante, ahora en el suelo en medio de chispas, humo y escombros observaba como sus sueños habían sido destruidos. Todo su trabajo, su destino vuelto solo detritus, todo por culpa de una furcia humana que nunca entendió su lugar. Confundido, el dacteri se puso en pie y salió a gran velocidad del puente. Aunque no entendía ya que pasaba, sus instintos sí. Así, que sin dudarlo salió a por una capsula de escape.

Kuriko observó como los estallidos se sucedían a través del chasis de la gigantesca nave, aquello parecía un árbol de navidad, con sus luces intermitentes de colores. Las capsulas de escape, lanzaderas y cazas de la nave dacteri salían disparadas de está como los últimos pataleos de un ahogado.

—Las ratas escapan del barco— masculló la mujer con calma mientras observaba aquel espectáculo.

— ¿Qué hacemos capitán? —Inquirió el Comandante Rann

—Capturemos los cazas y lanzaderas porque creo que los dacteris no podrán con ellos. Las capsulas de escape se las dejaremos a estos últimos. —respondió

— ¿Y, Dante? Mi Capitán— preguntó el Comandante.

—No creo que haya sobrevivido, pero sí lo hizo, estará en Shock por mucho tiempo, además tendrá que preocuparse por sus amos romulanos, el Tal´shiar no perdona el fracaso.

—Entendido, señor— respondió el bajorano mientras confirmaba las órdenes del capitán. Y con un gesto el Gambito de Dante, su gran jugada se daba por terminada.

Fin
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